Ocio y violencias

Ocio y violencias son dos realidades que se entrelazan y se normalizan bajo la excusa de la diversión de la fiesta. Para garantizar el derecho a disfrutar sin miedo e incomodidades, necesitamos dejar atrás esta dinámica y asumir una firme responsabilidad colectiva basada en los cuidados mutuos. De este escenario nacen herramientas para la acción comunitaria en estos espacios.

El pasado 24 de febrero, la UNAD (Red de Atención a las Adicciones) presentó “Subversivas: Una guía para la profesionalización de la detección y la respuesta estructural ante violencias sexuales en espacios de ocio”. El objetivo de este trabajo es ofrecer una herramienta para la detección temprana y el abordaje comunitario de las violencias en espacios de ocio. Esta guía está siendo implementada por Energy Control, Adhara, Limam, Asociación Cívica para la Prevención y AD-HOC.

¿Y cómo se traslada esto a nuestro trabajo desde la reducción de riesgos?

Desde el nacimiento del programa, hace casi 30 años, ofrecemos estrategias para gestionar los placeres y los riesgos asociados al uso de sustancias. Estas estrategias son tanto individuales como colectivas.

Cuando estamos con nuestras amistades en entornos festivos, nos cuidamos para «no pasarnos» o no tener un viaje difícil. Entonces, ¿por qué no ampliar esos cuidados? También pueden contribuir a que ninguna persona se sienta violentada en un entorno en el que estamos para disfrutar?

En los espacios de fiesta, las violencias que se ejercen quedan muchas veces invisibilizadas y justificadas bajo el lema “todo vale”. Ocio y violencias van de la mano demasiado a menudo y, sin embargo, esta realidad no nos resulta alarmante. Esta normalización de las violencias requiere de una acción comunitaria que rechace actitudes machistas, misóginas y discriminatorias hacia cualquier persona.

Estas conductas responden a la estructura social a la que estamos acostumbrades y desde la que nos han socializado, pero que no debemos aceptar, ya que se ejercen desde las posiciones de poder y privilegio que se imponen desde la masculinidad hegemónica. Todo ello sostenido por el sistema opresor de género. La frecuencia con la que recibimos las mujeres e identidades disidentes violencias sexuales (no solo en los espacios de ocio) hace que estas formen parte de aquello habitual en nuestras vidas. Y, en muchas ocasiones, asumimos la gestión de la amenaza de que nos ocurra de manera individualizada.

Tener un altavoz como el de Energy Control implica usarlo para contribuir a eliminar estas violencias, para servir de punto de referencia, para visibilizar y sostener, y para promover una respuesta conjunta, que apele a todas las personas que conformamos los espacios de fiesta.

Seguimos sin bailar libres

A pesar de los numerosos avances en materia de género de las últimas décadas, nos preguntamos si es la fiesta un espacio libre de violencias. Nosotres lo tenemos claro: seguimos sin bailar libres.

Bajo el pretexto de los consumos y la diversión, se siguen relacionando ocio y violencias. También se continúan perpetuando agresiones que, lejos de fomentar un ambiente de cuidados, quedan impunes. Además, no responsabilizan a quienes agreden y acaban formando parte de “anécdotas” -en el mejor de los casos- o relatos que compartimos cuando estamos en espacios seguros con nuestras colegas.

Es importante recordar que haber consumido sustancias no da licencias ni justifica comportamientos violentos o fuera de lugar. En muchas ocasiones, en las violencias ejercidas aprovechando el consumo de sustancias (voluntario o no), se pone el foco de atención en las drogas y no en quien las ejerce. Las consecuencias de esto son varias. En primer lugar, se desvía la atención de la agresión para criminalizar a las sustancias y su uso y se deja de penalizar a la persona que agrede, por lo que no se ofrece una respuesta adecuada con un enfoque comunitario.

En segundo lugar, la persona que ha sido agredida no solo carga con el impacto emocional de haber sido violentada, sino que además es juzgada por haber consumido y se expone a que su relato pierda peso. Por ello, se necesita un cambio de valores y de cultura para que podamos dejar de reivindicar que “nosotras también tenemos derecho a ponernos moradas sin tener miedo a que nos violenten y que abusen de nosotras durante nuestro momento de placer y diversión.”

Esto no son solamente las conclusiones de múltiples investigaciones, sino nuestra experiencia como trabajadoras y como asistentes a las fiestas. Por eso queremos que la presencia de Energy Control en los espacios de ocio nocturno no se limite a informar. Tampoco debe limitarse a asesorar sobre consumo de sustancias. Creemos que la construcción de espacios igualitarios, sanos y libres de estigma y violencias es una labor comunitaria. Una labor que se construye de forma conjunta, para una mejora del disfrute de todes.

Punto Morao

En el marco de este proyecto, hemos elaborado materiales para identificar el estand como un espacio al que poder acudir. El espacio está pensado para situaciones en las que alguien esté siendo incomodade por la conducta de otra persona, quiera compartir vivencias o necesite un espacio de tranquilidad. También puede acudir quien quiera que le ayudemos a gestionar alguna situación difícil para sí misme o para alguien de su entorno.

Así que, a partir de ahora, encontrarás este logo acompañando el resto de material informativo que siempre tenemos.

¡Nos vemos en las fiestas!

logo punto morao. Cuidarnos también es reducción de riesgos

Este proyecto ha sido financiado por las subvenciones del 0,7% de interés social del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

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