Análisis de sustancias en Aotearoa, Nueva Zelanda

De cómo un movimiento comunitario se convirtió en un servicio nacional.

Wendy Allison, directora de Know Your Stuff

En 2014, el análisis de sustancias en Aotearoa (Nueva Zelanda) era algo de lo que no se había oído hablar, a pesar de que los daños asociados al consumo de drogas eran habituales. Aquel año circulaba una tanda de pastillas de color negro en un evento en el que participé. Todas las pastillas parecían iguales, pero algunas no eran lo que se esperaba. Algunas personas las tomaban y se lo pasaban bien, mientras que otras acababan en la carpa de atención médica durante horas con ansiedad extrema, el corazón desbordado y al límite de la psicosis. Por suerte no hubo hospitalizaciones, pero el asunto afectó a mucha gente y, tras el evento, el equipo médico se acercó a la organización y le dijod: «Si no se hace algo al respecto, alguien va a morir». 

La organización tenía tres opciones. Una era no hacer nada y esperar a que alguien muriera. Otra opción era implementar una política de tolerancia cero, invitando a la policía a que registrara al público asistente en la puerta. Y, por último, introducir reducción de daños y, en especial, el análisis de sustancias. La primera se descartó rápidamente. La opción de implementar una política de tolerancia cero también dejó de contemplarse tras observar los daños que habían provocado en otros festivales. Por contraste, la reducción de daños estaba teniendo buenos resultados en el extranjero y, tras revisar los modelos de análisis de sustancias de Energy Control en España y Dancesafe en Estados Unidos, se seleccionó como la mejor opción.

Sabíamos que no íbamos a recibir permiso para hacer análisis si lo pedíamos. Teníamos un gobierno conservador en ese momento y no les interesaba cambiar el status quo. Así que no lo pedimos. En vez de eso, examinamos detenidamente el Misuse of Drugs Act (Ley neozelandesa reguladora del uso de sustancias psicoactivas) para ver cómo podríamos llevar a cabo análisis de sustancias sin romper la ley. Creamos un modelo donde la persona usuaria hacía todo el manejo de las muestras y nosotras solo leíamos los resultados y les dábamos información sobre reducción de daños, de manera que nunca estábamos en posesión de ninguna sustancia. El festival nos permitió hacer una pequeña prueba piloto. 

Ese año usamos reactivos para analizar 48 muestras y descubrimos que solo una de cada cinco eran lo que se suponía que tenían que ser, y la mitad de la gente que descubrió que sus muestras no eran lo que tenían que ser nos dijo que no querían tomarlas. Eso nos convenció de que nuestro trabajo estaba previniendo daños. Registramos nuestros resultados con cuidado porque sabíamos que nadie más estaba reuniendo esta información tan valiosa.

Unas semanas tras la prueba piloto le enseñé los resultados a un periodista interesado en la reforma de políticas de drogas. Pidió si podía incluir una sección enfocada en nuestro trabajo en un artículo que estaba escribiendo sobre drogas en festivales. Este artículo se publicó en el diario de la NZ Drug Foundation “Matters of Substance” y, desde entonces, todo empezó a avanzar muy rápidamente. El Director Ejecutivo de la NZ Drug Foundation inmediatamente vio el potencial de este trabajo y también que íbamos a necesitar soporte para expandirnos más allá de nuestro pequeño piloto. Trajo un espectrómetro Bruker Alpha FT-IR – al que cariñosamente apodamos “Alphie” – y nos permitió usarlo sin coste. Esta tecnología nos permitió identificar hasta el 97% de las muestras usando bibliotecas espectrales que contenían decenas de miles de sustancias.

Al tercer verano ya nos habíamos expandido más allá de un evento único, atendiendo ocho festivales, pero teníamos limitaciones por el Misuse of Drugs Act, que criminaliza a cualquiera quien “conscientemente autorice a un local a ser usado para delitos de drogas”. Esto quería decir que quien organizaba eventos  y permitía operar a servicios de reducción de daños estaba en riesgo de condena por reconocer que sabía que la gente se drogaba en sus establecimientos. Esto fue un gran elemento disuasorio para que los eventos implantaran análisis de sustancias y solo fuimos capaces de operar en un número pequeño de eventos a través de acuerdos informales en los que quienes los organizaban podían negar que sabían que estábamos ahí.

Aunque estuviéramos operando en una zona gris legal, no recibimos acoso o cierre por las autoridades – nuestra presencia era tolerada por la policía y parecía que todo el mundo hacía ver que no nos veía. Creemos que es porque era obvia la diferencia que estábamos haciendo a nivel de reducción de daños. Al final de la época de festivales de 2016/17 hicimos públicos los resultados en nuestra web. Uno de los resultados clave fue la respuesta de las personas cuyas muestras eran “distintas a lo esperado”. Les preguntamos si tenían la intención de tomar la sustancia tras analizarla, y encontramos que el 50% de las personas no la iban a tomar si no era lo que esperaban.

En el cuadro: primera fila “sustancia esperada”, segunda “sustancia esperada con adulterantes”, tercera “sustancia distinta a la esperada”. En naranja, el porcentaje de personas usuarias que informa que no consumirá la sustancia, en amarillo, el porcentaje que informa de que quizá lo hará, y en verde, el de quien seguro la consumirá.

Hacerlo público trajo un montón de atención de parte de los medios de comunicación y empezó un debate político. Nos presentamos como una organización basada en la evidencia con el objetivo de la reducción de daños al respecto del consumo de drogas a través de la provisión de información factual de un modo no-juicioso. Aun así, mucha gente expresó preocupaciones cuando se encontraron por primera vez con la idea del análisis de sustancias y las críticas se centraron, por un lado, en que el análisis de sustancias en cierto modo aprueba y promueve el uso de drogas y, por otro, que da una falsa sensación de seguridad. Como respuesta a estas críticas, señalamos a los servicios extranjeros de análisis de sustancias con mucha más trayectoria, que habían sido sujetos a revisiones periódicas a través de los años y cuyos resultados mostraban que la presencia del servicio de análisis no tiene impacto en los niveles de uso de drogas en eventos. Además, aclaramos que nuestro trabajo era sobre reducir daños, no de reducir el uso, y que sin duda los daños se estaban reduciendo. También destacamos que nuestra labor se centra en asesorar y reducir riesgos, en ningún caso decimos a la gente que las drogas que toman son seguras. Ningún uso de drogas es completamente seguro, pero con una información adecuada y basada en hechos, la gente puede evaluar riesgos de una manera más precisa y tomar mejores decisiones para reducirlos. Nos centramos en lemas pegadizos:

“La gente con mejor información toma mejores decisiones”

“People with better information make better decisions”

“¿Cómo van a evaluar bien nuestres hijes los riesgos de tomar drogas 

sin una información adecuada sobre ellas?

“Why are we expecting our kids to make good risk assessments about drugs 

without good information about drugs?”

Algunos de nuestros más acérrimos simpatizantes son familiares de adolescentes que solo quieren que vuelvan a casa con seguridad tras un evento. El Ministro de Policía en ese momento era uno de ellos y, después de que nuestro servicio se hiciera público, observó los resultados de análisis de sustancias confiscadas en uno de nuestros eventos más grandes. Se detectaron algunos adulterantes de riesgo y los medios publicaron que se había encontrado pesticida y pintura en algunas pastillas. Fue entonces cuando el ministro declaró públicamente que el análisis de sustancias debería estar disponible en cualquier evento multitudinario. El gobierno trabajó varios años en una legislación que garantizara la seguridad jurídica de las personas que hacemos el análisis de sustancias ante posibles acusaciones, pero tuvo una oposición política sostenida y no fue capaz de conseguir la aprobación de la ley.

Así que mientras el debate político giraba en torno a nosotres durante los dos años siguientes, permanecimos haciendo nuestro trabajo, recogiendo datos, analizándolos meticulosamente y publicando nuestros resultados. Para la temporada 2019/2020, la demanda de nuestro servicio había superado la oferta y estábamos rechazando eventos y lidiando con grandes colas en los eventos. Know Your Stuff fue la primera en identificar y proveer información sobre la n-etilpentilona, una catinona sustituida vendida como MDMA, que fue responsable de hospitalizaciones masivas. También recogimos datos que mostraban que la mayoría de personas que descubrieron que les habían vendido esta sustancia, descartaron su consumo. Así que la necesidad del servicio ya era muy obvia y, además, nuestro trabajo fue respaldado por investigaciones independientes.

El resultado de las elecciones nacionales de 2020 finalmente dio al gobierno laborista suficientes asientos en el parlamento para aceptar la legislación e inmediatamente aprobaron una ley temporal para dar apoyo al análisis de sustancias justo a tiempo para la temporada de festivales. Esta ley protegió a Know Your Stuff NZ y a la organización de los eventos donde intervenimos de recibir acusaciones y estuvo vigente un año, durante el cual se desarrolló una legislación más integral que permitía la concesión de licencias y la regulación de los servicios de análisis de sustancias. Finalmente esta ley fue aprobada en noviembre de 2021, convirtiendo a NZ en el primer país del mundo en introducir el análisis de drogas en su jurisprudencia. 

Tras siete años de duro trabajo, de una recolección cuidadosa de datos y una fuerte defensa pública, ahora somos capaces de operar abiertamente. Hemos logrado evitar que mucha gente acabe en el hospital, hemos demostrado que las personas usuarias de drogas son responsables y toman decisiones acertadas si se les da la oportunidad. Pero lo más importante es que hemos cambiado el discurso sobre drogas en Aotearoa, Nueva Zelanda, logrando que la gente tome la reducción de daños como una alternativa válida y real ante el castigo. Sin duda, un gran motivo de celebración.

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