Drogas y trabajo ¿una relación posible?

Intentar buscar referencias positivas vinculadas a las sustancias psicoactivas y el trabajo (aunque sea solo referido a la parte creativa) puede acabar siendo dramático porque la imagen social y lo que encuentras en cualquier buscador en la red siempre va referido a los usos problemáticos. Si bien está claro que este tipo de relación se produce, al final se acaba invisibilizando cualquier otro tipo de opción hasta que parece que un uso consciente y placentero sea imposible. Y, aunque pese a todo conocemos el uso recreativo -consciente e informado- de las drogas, mucha menos difusión tiene un uso, digamos, profesional y están poco popularizadas las historias de personalidades que las hayan usado para su desempeño laboral de forma exitosa y las valoren. 

No existen evidencias científicas de que el uso de sustancias fomente la creatividad o agilice el pensamiento.  Solo ha habido, en 2016, un estudio, del Imperial College en Londres, que concluyó que la LSD hacía que el cerebro de las personas adultas funcione de forma menos compartimentada, más libre y sin restricciones. Lo que podría indicar que sí que podría existir algún tipo de relación entre uso de drogas y creatividad, pero haría mucha falta matizar cantidades, intencionalidad de la persona usuaria, y muchos más estudios científicos que pudiesen confirmar este extremo de forma más concluyente. 

El relato de drogas y creatividad se sustenta en las experiencias que, especialmente, desde el ámbito artístico se han tenido y se han buscado intencionalmente. Esta proporción es menor si hablamos de personas científicas o profesionales de las tecnologías o incluso de ámbitos como la psicología. Más extraño resulta que se explicite en un ámbito claramente profesional como se cuenta en el artículo del As “La moda de Silicon Valley: microdosis de LSD para trabajar”. En el mismo artículo se contextualiza esta moda a partir de las informaciones extraídas de los estudios sobre los efectos de la LSD y la psilocibina para tratar situaciones de depresión -a partir de microdosis-. De aquí surge la idea del uso laboral en Silicon Valley. El objetivo esaumentar la creatividad y poder enfocarse más en el trabajo a partir de «microdosis» habituales -cada dos o tres días- de LSD, psilocibina o mescalina. 

Una microdosis, en el caso de la LSD sería, según el artículo de AS, una décima parte de una dosis para consumo recreativo (entre 10-20 microgramos). En esta cantidad, la sustancia, siempre según el artículo, no generaría distorsiones de la percepción sino que pondría a la persona en estado de alerta, energía y creatividad. En algunos casos, este tipo de drogas también pueden ser usadas para mejorar el bienestar y reducir la ansiedad y el estrés o mejorar el sueño, lo que puede tener efectos positivos en la actividad profesional. Con todo, no dejan de ser percepciones y experimentaciones personales que no están avaladas científicamente por falta de estudios específicos. 

Steve Jobs contó que consumió LSD y marihuana en su juventud y declaró que eso fue fundamental para su vida y su carrera: Un consumo que llegó a confirmar hasta el FBI.

Imagen de Steve Jobs sujetando un Iphone
Autoría: Matthew Yohe

Jobs siempre manifestó esto públicamente y señaló la importancia de la LSD en su creatividad e incluso llegó a decir que el nombre de Apple lo decidió en uno de sus “viajes”. Este es un tema abordado en todas las biografías oficiales de este hombre, que revolucionó las tecnologías de la información, el diseño y la publicidad. Historias que ha confirmado su amigo de juventud, Daniel Kottke , que afirmó haber presenciado los “viajes” de Jobs. También Bill Gates ha afirmado haber experimentado con LSD en su juventud en una entrevista para Playboy, en 1994, aunque no sea una faceta suya especialmente conocida.  

Freud y la cocaína

Sigmund Freud, padre de la psicología moderna, fue consumidor de cocaína y, a su vez, investigador de la misma a partir del estudio de sus efectos terapéuticos, curativos o analgésicos. En 1884 publicaría «Uber Coca», el primero de una serie de escritos que produciría hasta 1887 en los que defendía el uso de la cocaína por parte de la ciencia médica. En su primer escrito abordó la cocaína desde diferentes frentes: sus variados efectos -euforia, optimismo, vigor, etc-, los orígenes de la planta, sus usos e historia en la América anterior al la conquista europea y su posterior consumo -a través de síntesis- en Europa. Lo más destacado fueron los diferentes usos médicos que proponía: estimulante para tratar trastornos digestivos o la adicción a morfina y alcohol, o el asma, además de considerarlo como afrodisíaco y anestésico. Hasta el punto de que fue Freud quien elaboró la base teórica que permitió introducir la cocaína en la medicina europea.

fotografía de Sigmund Freud sujetando un puro
Autoría: Max Halberstadt

También hay constancia del uso recreativo que le dio Freud en las fiestas y los encuentros sociales a los que asistía y habitualmente en un formato muy popular en aquella época: el Vino Mariani – vino burdeos y extractos de hojas de coca, del cual también fueron fans personajes tan dispares como el papa Leon XIII, Thomas Alba Edison, Julio Verne o la reina Victoria. El psicoanalista también escribió una parte de su obra, durante aquellos años, bajo los efectos de la cocaína, que tanto admiró y que concebía como un estimulante con múltiples usos.

Cartel publicitario del vino Mariani

Literatura y sustancias

La búsqueda de la creatividad en la literatura a través del consumo de sustancias es parte de la historia de la literatura y están documentados varios casos e incluso generaciones literarias enteras. En el camino, así como el resto de las obras de Jack Kerouac fueron escritas bajo los efectos de la bencedrina. Kerouac formaba parte de la generación beat, a la que pertenecen Allen Ginsberg y William Bourroughs. Veían las drogas como una herramienta y una oportunidad de experimentar personalmente y también con su literatura. Otro ejemplo más es el del Doctor Jekyll y Mr. Hyde que escribió Robert Luis Stevenson en apenas seis días y bajo los efectos de la cocaína, una sustancia que a finales del siglo XIX era legal en Europa porque se encontraba en el mercado regulado. 

Stephen King también reconoció en su autobiografía, Mientras escribo, que había escrito obras suyas bajo el efecto de las drogas, pero su vivencia ha sido desde una relación problemática con las sustancias psicoactivas y en diversas entrevistas contó que perdió el control en diversas ocasiones. El resplandor lo escribió bajo los efectos del alcoholi e It bajo los de la cocaína, de la que fue un gran consumidor entre 1978 y 1986.

Autoría: Stephanie Lawton

El uso de sustancias psicoactivas suele permanecer oculto incluso entre personajes populares, especialmente si estos usos son recreativos o, incluso, profesionales, hayan sido problemáticos o no. Conviene recordar que, si bien es verdad que los usos que más llaman la atención suelen ser los problemáticos, no son los únicos posibles. A los anteriormente citados podemos añadir personalidades como Carl Sagan -que consumía marihuana-, el polémico creador del antivirus McAfee, John McAfee, que consumió LSD y cocaína o Thomas Alba Edison -creador de las lámparas incandescentes- que consumió el elixir de coca como Freud. Y aún quedaría un largo etcétera de personalidades que realizaron un consumo habitual e intencionado que debería de ser visible y conocido.

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