El Consultorio XXX

Infodrogas

En esta sección se han recogido aquellas cuestiones de salud y drogas que hemos recibido a lo largo de estos años tanto en el correo, como en la antigua lista de distribución y en los foros de Energy Control.

Hemos extraído y resumido la información más importante sobre las consultas más frecuentes.

Este apartado pretende ser una orientación general para aquellas personas que puedan encontrarse en situaciones parecidas. La información que se ofrece es de tipo general y no pretende sustituir, sino complementar el consejo médico ofrecido por las personas profesionales. Una evaluación completa de los riesgos y posibles consecuencias de cada situación solo puede hacerse a partir del conocimiento de cada caso concreto y las personas profesionales sanitarias son las más adecuadas para ofrecer estos consejos. Energy Control no asume la responsabilidad de una errónea interpretación de los contenidos ofrecidos en esta sección.

Para consultar estas cuestiones es aconsejable tener en cuenta una serie de recomendaciones de carácter general que aquí abajo especificamos:

  • Muchas consultas hacen referencia a interacciones entre fármacos y drogas. No es solo la interacción de dos fármacos lo que importa, sino las repercusiones sobre todo el organismo.

  • En personas que toman una medicación, tomar determinadas drogas puede estar contraindicado, no solo por una posible interacción sino por la enfermedad de base.

  • Ante cualquier problema de tipo psicológico (ansiedad, depresión, angustia, etc.) el uso de sustancias psicoactivas está contraindicado en general.

  • Ante cualquier síntoma recurrente al tomar una sustancia, lo más sensato es acudir al centro se salud o al personal sanitario.

  • Las personas profesionales sanitarias deben conocer y proporcionar información objetiva y veraz sobre drogas. Las personas tienen derecho a recibir esta información sin contenidos de tipo moral.

Los anabolizantes esteroideos son fármacos emparentados con las hormonas sexuales masculinas. Tienen efecto sobre la masa muscular, favoreciendo la síntesis de proteínas. Los efectos no son inmediatos y se aprecian a los dos meses aproximadamente, siempre que se acompañen de ejercicio físico. Su uso con este fin no está considerado por la medicina, aunque su uso para incrementar el rendimiento deportivo e incrementar la masa muscular es frecuente.

Su uso no está exento de problemas, ya que pueden producir efectos secundarios tanto a nivel físico (hipertensión arterial, alopecia, atrofia testicular, alteraciones hepáticas) como psicológico (agresividad y cambios en el impulso sexual). La frecuencia y gravedad de los efectos adversos dependerá de muchos factores (patrón de uso, dosis administradas, peso, sensibilidad personal y otros). Además, si no se hace ejercicio constante y adecuado a la masa muscular que se ha conseguido, acabará por atrofiarse en grasa.

Con respecto a las posibles interacciones con drogas, lo más importante es recordar los efectos adversos de estas sustancias.

Las sustancias que incrementan la tensión arterial y la frecuencia cardiaca (cocaína, speed y MDMA) y pueden afectar al hígado (cocaína, MDMA y alcohol) son las que, con más facilidad, pueden facilitar la aparición de problemas. Aunque los casos descritos en la literatura científica donde se hable de efectos adversos de este tipo de combinaciones son poco frecuentes, la combinación de drogas de uso recreativo con anabolizantes tiene elementos para ser desaconsejable, sobre todo en el uso habitual.

Los suplementos proteicos no presentan interacciones significativas con drogas. Sin embargo, conviene ajustarse a las dosis recomendadas (inferiores a 1-1,5 gr/kg y día) por el riesgo de posibles daños en el riñón.

En principio, no se han descrito interacciones significativas entre la mayoría de los antibióticos de uso habitual (penicilinas, cefalosporinas, macrólidos, quinolonas, etc.) y las drogas más conocidas.

Es importante considerar que si una persona está tomando antibióticos es porque existe una infección, el organismo no está en su estado más óptimo y los efectos de las sustancias pueden no ser los deseados e, incluso, podrían retrasar la curación o empeorar el cuadro.

  • Por ejemplo, en el caso de una infección dental, de oído o de garganta donde exista un foco infeccioso o dolor, las drogas psicodélicas podrían amplificar el dolor o centrar la experiencia en el.
  • La MDMA tiene efectos sobre el sistema inmunológico y, al menos teóricamente, podría retrasar la curación o empeorar un cuadro infeccioso.
  • Está descrita la interacción de un antibiótico de uso habitual, el Metronidazol con el alcohol. El Metronidazol intensifica los efectos desagradables del alcohol, favoreciendo que las resacas sean mucho más intensas. El uso más frecuente de Metronidazol es en infecciones dentales (Rhodogil: espiramicina/metronidazol) aunque se emplea también en cierto tipo de vaginitis, infecciones graves y algunos trastornos intestinales.
  • El uso de drogas por vía intranasal (cocaína, speed, ketamina) puede empeorar las infecciones de nariz o de oído.

El uso de drogas con fines recreativos está formalmente contraindicado en personas que padecen trastornos por ansiedad o trastornos depresivos.

  • Las sustancias estimulantes (speed, cocaína, cafeína, etc.) pueden incrementar los síntomas de ansiedad en personas predispuestas o ante dosis elevadas. Estas sustancias pueden calmar o apaciguar síntomas depresivos tras su administración inmediata, lo que puede llevar a algunas personas a “automedicarse” con este tipo de sustancias. Se trata de una circunstancia muy peligrosa, teniendo en cuenta el elevado potencial de adicción de estas sustancias, así como sus efectos adversos y tóxicos. La cocaína y la MDMA pueden producir episodios pseudodepresivos a las 24-48 horas de su administración, que serán más frecuentes e intensos en personas con este tipo de trastornos.
  • Las sustancias depresoras (opiáceos, alcohol y GHB) tienen efectos ansiolíticos tras su administración inmediata, por lo que personas con tendencia a la ansiedad son más susceptibles a abusar de ellas. Son válidas las mismas consideraciones sobre el potencial de dependencia y los efectos adversos y tóxicos.
  • Las sustancias psicodélicas (LSD, setas, 2C-B, etc.) son muy variables en cuanto a sus efectos en el estado de ánimo y las circunstancias personales de la persona. La existencia de trastornos de ansiedad o depresión hacen más probable la aparición de "viajes difíciles". También está descrito que el uso de cannabis puede desencadenar, hacer más frecuentes o intensas las crisis de ansiedad en un trastorno de pánico. Este efecto puede aparecer en personas sin patología pero es más frecuente en personas con tendencia a la ansiedad.

En personas que toman medicación por este tipo de trastornos es importante tener en cuenta:

  • La combinación entre fármacos ansiolíticos (benzodiacepinas como Diacepam (Valium), Alprazolam (Trankimazin), Clorazepato (Tranxilium), Loracepam (Orfidal) ) y drogas depresoras (alcohol, GHB, opiáceos) está particularmente desaconsejada ya que multiplica los efectos negativos de ambas sustancias (desorientación, somnolencia excesiva, mareo, etc.). Pequeños incrementos en las dosis facilitan la aparición de cuadros de intoxicación que pueden ser mortales.
  • Los resultados de estudios en personas han demostrado que, la administración de antidepresivos inhibidores de la recaptación de la serotonina (ISRS) como Fluoxetina (Prozac), Paroxetina (Seroxat) o Citalopram (Prisdal) disminuyen los efectos de la MDMA. Este efecto es probablemente extrapolable a las personas que están en tratamiento con estos fármacos. Incrementar las dosis de MDMA para superar este efecto puede facilitar la aparición de efectos adversos o tóxicos.
  • No existen estudios en personas con nuevos antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRN) como Venlafaxina (Dobupal) o Duloxetina (Cymbalta) aunque es probable que las consideraciones hechas en el párrafo anterior sean válidas.
  • Existe un tipo de fármacos antidepresivos llamados inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs) como Fenelzina o Tranilcipromina cuya combinación con MDMA produce cuadros de toxicidad muy grave e, incluso, la muerte. La combinación de MDMA (y probablemente otras sustancias como metanfetamina, cocaína o psilocibina) está completamente contraindicada.
  • Algunas personas utilizan Propanolol (Sumial) como tratamiento de la ansiedad. No es un fármaco de elección para el tratamiento o para la prevención de la ansiedad. En principio, y legalmente, debe comprarse siempre con receta: sin embargo, en algunas farmacias, suelen darlo sin ella. Algunas personas utilizan dosis bajas (5-10 mg) para evitar algunos síntomas físicos de ansiedad (sudor de manos, palpitaciones, temblor de voz o de extremidades) en situaciones estresantes. El uso ocasional en este sentido parece razonable, siempre que no existan condiciones médicas que lo contraindiquen. El Propanolol disminuye la tensión. En personas con la tensión baja puede facilitar la aparición de mareos y cansancio como síntomas de hipotensión. Como todos los fármacos, tiene sus contraindicaciones (asma, diabetes, etc.) y sus efectos adversos (dolor de cabeza, mareo, etc.).

Los anticonceptivos son fármacos similares a las hormonas femeninas que sintetiza el organismo, con una potencia ligeramente mayor. Los más frecuentes son los administrados por vía oral (en ciclos de 21 días) aunque existen otras presentaciones como parches transdérmicos, implantes subcutáneos o anillos vaginales.

  • No existen datos sobre interacciones de importancia con las sustancias de uso recreativo habitual. Tampoco se conocen casos clínicos o comunicaciones de intoxicaciones u otro tipo de problemas. En ese sentido, la combinación de anticonceptivos con los patrones de consumo más frecuentes de drogas de uso recreativo no parece suponer un incremento de los riesgos.
  • Se sabe que algunos derivados anfetamínicos como el Metilfenidato (Rubifen, Concerta) pueden  incrementar los efectos secundarios de la píldora anticonceptiva. Es posible que con el speed o la metanfetamina pueda suceder algo parecido, al menos en los patrones de consumo más intensivos.
  • El tabaco es la única droga cuya combinación con la píldora anticonceptiva incrementa enormemente el riesgo de efectos adversos graves (patología cardiovascular, trombosis venosa, etc.). Muchas Guías Clínicas consideran que el consumo de tabaco es una contraindicación para administrar la píldora y su asociación con otros factores de riesgo (obesidad, edad >35 años y antecedentes familiares) hace que sea una contraindicacion absoluta. Las mujeres fumadoras (de cualquier edad) que toman anticonceptivos tienen entre 10 y 20 veces más riesgo de enfermedad cardiovascular que las no fumadoras.

pildora

  • El consumo diario de sustancias como la heroína o la cocaína puede dar lugar a alteraciones menstruales importantes que influyan en la eficacia de la píldora anticonceptiva.
  • Algunas sustancias pueden facilitar la aparición de nauseas y vómitos (MDMA, setas y ayahuasca). Es importante dejar pasar un tiempo suficiente (al menos 1-2 horas) entre la toma de la píldora anticonceptiva y cualquier sustancia de este tipo.

mujeres vomitar

Existen suficientes evidencias de que muchas drogas de uso recreativo pueden producir efectos negativos a nivel fetal. La filosofía de Energy Control supone dotar a las personas de los conocimientos y habilidades para que tomen sus propias decisiones en relación con el consumo de drogas. En el caso del embarazo y la lactancia, nuestro consejo es no consumir, ya que puede implicar a la salud de una tercera persona.

El consumo de alcohol durante el embarazo se asocia a un menor peso de la persona recién nacida e incrementa el riesgo de malformaciones y discapacidad intelectual. El riesgo depende de la dosis y las malformaciones más graves suelen aparecer en bebés de personas alcohólicas crónicas. No obstante, el uso ocasional de elevadas dosis de alcohol durante el embarazo también incrementa este tipo de riesgos.
El tabaco está asociado a un menor peso en el nacimiento, prematuridad en el parto y mayor riesgo de abortos espontáneos.
El uso de cannabis durante el embarazo está asociado a riesgos similares a los del tabaco (teniendo en cuenta que suele utilizarse mezclado) y, posiblemente, a alteraciones madurativas y cognitivas leves. En relación con el cannabis también existen leyendas, como la de que el cannabis puede producir leucemias infantiles, que son falsas. El cannabis es una droga que se fija muy bien a las grasas, por lo que sus efectos podrían transmitirse a través de la leche materna.
Las anfetaminas (speed, metanfetamina) se asocian a alteraciones faciales y cardíacas. Por su estructura similar es probable que la MDMA implique riesgos similares.
El uso de cocaína durante el embarazo se asocia a una disminución del crecimiento del feto y mayor riesgo de desprendimiento prematuro de la placenta, entre otras alteraciones
Una circunstancia relativamente frecuente es que una persona haya realizado un consumo de drogas durante las primeras semanas del embarazo, antes de notar la primera falta. De forma general se entiende que en esos momentos el preembrión está poco diferenciado y la circulación materno-fetal no se ha establecido, por lo que probablemente el riesgo de problemas o malformaciones es muy bajo. En cualquier caso, una vez realizado el diagnóstico de embarazo, se debería utilizar solo aquellos fármacos estrictamente imprescindibles y siempre bajo seguimiento médico, lo que no incluye ninguna droga legal o ilegal.

Los antihistamínicos son fármacos utilizados en el tratamiento de distintos tipos de alergias. Existen dos tipos fundamentales:

  • Antihistamínicos de primera generación: Dexclorfenilamina (Polaramine), Hidroxicina (Atarax), Difenhidramina (Benadyl). Su efecto adverso más frecuente es la inducción de sueño.
  • Antihistamínicos de segunda generación: Cetirizina (Zyrtec), Levocetirizina (Xazal), Ebastina (Ebastel). Producen menor somnolencia que los de primera generación.
    El uso de drogas depresoras (alcohol, GHB, benzodiacepinas) no es recomendable en personas que están bajo tratamiento con antihistamínicos ya que pueden potenciar los efectos sedantes de los antihistamínicos. Este efecto es más importante en los de primera generación. Sin embargo, sería prudente tomar en cuenta que ningún fármaco de segunda generación está totalmente exento de actividad sobre el sistema nervioso y la sedación es más frecuente durante los primeros meses de tratamiento.

El consumo de drogas en personas diagnosticadas de epilepsia y/o que se encuentran en tratamiento con antiepilépticos está particularmente contraindicado. La mayoría de las drogas modifican de una u otra manera la química cerebral y muchas de ellas estimulan el Sistema Nervioso Central facilitando la aparición de convulsiones.

  • Las sustancias estimulantes (MDMA, speed, metanfetamina, cocaína, efedrina, etc.) son las drogas más peligrosas en este sentido, ya que está demostrado que disminuyen el umbral en el que aparecen convulsiones, incluso en personas no epilépticas.
  • Las sustancias depresoras (sobre todo el alcohol y el GHB) también facilitan la aparición de convulsiones, sobre todo en dosis elevadas. Este riesgo parece ser menor en el caso de los opiáceos. Las benzodiacepinas tienen propiedades anticonvulsivantes, por lo que podrían considerarse seguras en este aspecto, aunque su potencial de uso recreativo es muy limitado.
  • Existen pocos datos sobre el potencial de inducción de convulsiones de las sustancias psicodélicas. Aunque, en principio, parece menor que el de las estimulantes, esta posibilidad no es descartable. Sin embargo, la psilocibina (el principio activo de las setas) puede desencadenar convulsiones. Esto sucede con poca frecuencia en personas sin epilepsia, pero es probable que en alguien con diagnóstico de epilepsia el riesgo sea mayor.
    Los cannabinoides poseen actividad anticonvulsivante por lo que es probable que el riesgo sea menor en este caso, aunque en este sentido las variedades con más CBD y CBN son posiblemente las más seguras.
    La ketamina tampoco parece facilitar la aparición de convulsiones, al menos en personas no epilépticas y con las vías y pautas de administración utilizadas en medicina.
  • En el caso de que una persona sin epilepsia conocida presentara una convulsión (caracterizada por pérdida completa del conocimiento, movimientos rítmicos extraños, incontinencia de esfínteres, etc. o episodios de “desconexión” completa del medio aun estando aparentemente consciente), debe ser valorada de forma inmediata por personal especializado para descartar otro tipo de patologías (accidente cerebrovascular, hemorragia cerebral, etc.).

    Algunas personas han presentado episodios de convulsiones febriles durante su infancia. Son un tipo de ataques epilépticos que aparecen durante los primeros años de vida ante fiebre elevada. El hecho de haber presentado convulsiones febriles en la infancia no se relaciona con el desarrollo posterior de epilepsia durante la vida adulta. En ese sentido, las personas que tuvieran convulsiones febriles durante su infancia no están sujetas a un mayor riesgo en este sentido en relación con el consumo de drogas.

Existen tres tipos distintos de tratamientos farmacológicos para ayudar a dejar de fumar. La nicotina (en forma de chicles o parches, el Bupropion y la Vareniciclina.

  • La nicotina no presenta interacciones farmacológicas significativas con las drogas más habituales, por lo que en ese sentido no es necesario tomar precauciones especiales.
  • El Bupropion (Zyntabac) es un antidepresivo que actúa sobre la dopamina y noradrenalina. El efecto secundario más frecuente es efectivamente el insomnio, que se puede tratar fácilmente con benzodiacepinas durante un periodo corto de tiempo. Otro efecto secundario, mucho menos común pero importante, es que facilita el que personas predispuestas desarrollen crisis convulsivas (epilépticas) con más facilidad. Esto es más probable que se produzca cuando concurren, además, otras circunstancias que facilitan las convulsiones. La ficha técnica del producto señala de forma explícita "tener especial precaución a la hora de combinarlo con estimulantes". Así, el uso de estimulantes como la cocaína o la anfetamina mientras se está en tratamiento con Bupropion está desaconsejado.
    Por otro lado el Bupropion altera la forma en la que se degradan los medicamentos por un proceso llamado inducción enzimática. Se recomienda precaución al combinar Zyntabac con muchos de los fármacos que afectan al sistema nervioso (antidepresivos tipo ISRS, IMAOs, antipsicóticos, anticonvulsivantes.., etc.). Así, en el caso de que se vaya a combinar con drogas psicodélicas o MDMA sería muy recomendable reducir las dosis como precaución. Existen experiencias anecdóticas de efectos desagradables en este sentido.
  • La Vareniciclina (Champix) es otro fármaco de reciente aparición indicado en el tratamiento del tabaquismo. Puede inducir (de forma muy infrecuente) efectos neuropsiquiátricos graves. Por este motivo su combinación con sustancias psicodélicas o estimulantes podría tener, al menos teóricamente, efectos negativos.

    Teniendo en cuenta que el tratamiento farmacológico del tabaquismo se prolonga durante un máximo de 6-8 semanas y que la persona puede estar particularmente irritable, deprimida o ansiosa durante este periodo, un abordaje razonable sugiere abstenerse durante este periodo del consumo de otras drogas psicoactivas. Además de los motivos expuestos, el consumo de otras drogas puede facilitar una recaída en el hábito tabáquico, que será más probable cuanto menor sea el tiempo de abstinencia.

Existen distintos tipos de tratamientos frente al acné, dependiendo de su gravedad y las características de la persona.

  • No existen datos que señalen que el consumo de drogas empeore los cuadros de acné.
  • La mayoría de los tratamientos tópicos (cremas): peróxido de benzoilo, toallitas de antibiótico, ácido azeláico, etc. no presentan interacciones relevantes con las drogas más habituales.
  • El tratamiento oral con Isotretinoína (Roacután, Isdiben, etc.) es una alternativa eficaz en los casos de acné moderado-grave. Este tratamiento implica realizar análisis de sangre de forma periódica, ya que puede afectar a distintos parámetros (glucosa, triglicéridos, colesterol, transaminasas, etc.). Una elevación de transaminasas puede implicar daño en el hígado, por lo que obliga a suspender el tratamiento con el fármaco.

    Así, las drogas que tienen potencial de afectar al hígado (alcohol, anfetamina, MDMA, setas) no están recomendadas mientras se está en tratamiento con Isotretinoína. Por un lado facilitan el que se puedan producir daños en el hígado. Pero, además, en el caso de una elevación de transaminasas inducida por drogas, aunque sea pasajera, puede ser atribuida erróneamente al fármaco, lo que llevaría a su suspensión innecesaria.

En el periodo en el que se va a llevar a cabo una cirugía (los días previos, durante, y los días posteriores hasta recibir el alta médica) el consumo de cualquier droga está contraindicado. Antes y después de cualquier acto quirúrgico (incluyendo una simple extracción de muelas) el organismo debe estar en el mejor estado posible y una simple resaca (alcohólica o química) puede hacer más dolorosa o complicada cualquier intervención y recuperación.

  • Los protocolos de analíticas preoperatorias no incluyen, de forma general, la determinación de drogas en orina.
    Algunas personas que consumen drogas (particularmente ketamina) creen que el uso recreativo de esta sustancia puede disminuir el efecto de los anestésicos habituales. Las personas usuarias de forma muy intensivas de ketamina (sobre todo por vía intramuscular o intravenosa) podrían, en teoría, presentar tolerancia farmacológica a esta sustancia. Pero la ketamina es un fármaco poco utilizado en humanos, el riesgo sólo es teórico, limitado solo a esta sustancia y a personas usuarias habituales de dosis muy elevadas. Los anestésicos locales y generales tienen el mismo efecto que en personas no consumidoras.

El consumo de drogas (legales e ilegales) está contraindicado de forma general en la diabetes, ya que puede suponer un incremento importante de los riesgos. Estos riesgos van a estar en función de muchos factores:

  • Edad.
  • Tipo de diabetes: Diabetes tipo I (dependiente de insulina) o tipo II (no dependiente de insulina)
  • Tratamiento: dieta, antidiabéticos orales, insulina.
  • Repercusiones de la diabetes sobre la salud.
  • Grado de control.

Además, cada sustancia (y su pauta de consumo) es muy distinta y presenta sus propias características. En ese sentido es difícil detallar todos los factores en un espacio de información general. En cualquier caso y, teniendo en cuenta que una proporción significativa de personas diabéticas jóvenes pueden ser usuarias recreativas de drogas, podemos hacer las siguientes consideraciones a modo informativo.

En principio, ninguna de las drogas de uso habitual producen alteraciones graves y duraderas de la glucemia (niveles de sangre), al menos, en personas no diabéticas. El alcohol sí puede elevar la glucemia, sobre todo en combinación con bebidas azucaradas. En contra de la creencia popular, los cuadros de desvanecimiento que puede producir el cannabis (chino, amarillo, blanca, etc.) no son producidos por bajones de azúcar sino por disminución brusca de la tensión arterial.

Así, en el caso de la diabetes, los problemas no están tanto en relación con factores de tipo farmacológico sino en relación con lo que la personas usuaria hace mientras está bajo sus efectos. Las sustancias estimulantes (cocaína, speed, MDMA) quitan el apetito y el cannabis lo incrementa. Sustancias como la ketamina pueden dificultar el reconocimiento de un cuadro de hipoglucemia (bajadas de azúcar) por parte de la personas por su efecto sobre el sistema de la sensibilidad interna del cuerpo.

En el caso de que una personas diabética decida consumir alguna sustancia debería prestar especial interés a las características de la sustancia y sus posibles efectos, controlar la dieta antes y después del consumo, así como tener cuidado con el ejercicio físico (por ejemplo, bailar en el caso de espacios de ocio). El control con un glucómetro también es una herramienta importante.

En los últimos 10 años se han comercializado distintos fármacos para el tratamiento de la impotencia asociada a distintas enfermedades (neurológicas, endocrinas, vasculares, etc.). El Sildenafilo (Viagra), Tadalafilo (Cialis) y Vardenafilo (Levitra) son los más conocidos de este grupo. En ocasiones, estos fármacos son utilizados por personas jóvenes y sanas para incrementar su rendimiento sexual o como “ayuda” después de una noche de fiesta.

Este tipo de fármacos tienen solo efectos sobre la circulación del pene, pero no incrementan el deseo sexual ni son afrodisíacos. Sin estímulo sexual (o ante una situación poco estimulante) no producen efectos.

La compra fuera del circuito farmacéutico (compras por Internet o a una personas desconocida) favorece la probabilidad de encontrar fraudes, adulteraciones o sustancias tóxicas.

Es importante conocer las dosis y duración de acción de cada uno de los distintos fármacos. Por ejemplo, Sildenafilo se presenta entre dosis de 25-100 mg con una duración de 4-6 horas. Tadalafilo se presenta en dosis de 5-20 mg y su duración es de 36 horas

Como cualquier otra sustancia puede producir efectos adversos (enrojecimiento facial, dolor de cabeza, dolor de espalda, taquicardia, mareo, etc.) o tóxicos. Estos efectos serán más probables al utilizar dosis elevadas o en combinación con otros fármacos o drogas.

Las noticias y comunicaciones científicas sobre problemas graves en combinación con drogas ilegales son escasas. Pero existe la posibilidad de efectos de tipo "rebote" (a un efecto hipotensor producido por un fármaco el organismo responde con taquicardia e hipertensión de forma refleja) que pueda incrementarse por el efecto otras drogas. Así, utilizar este tipo de fármacos para mejorar el rendimiento sexual tras tomar dosis elevadas de estimulantes o MDMA puede suponer un riesgo, al menos a nivel teórico. Conviene extremar la precaución a la hora de combinar drogas ilegales que tengan efectos sobre la tensión o la frecuencia cardíaca y los fármacos antiimpotencia.

La  combinación de estos fármacos con popper (nitrato de amilo) está claramente contraindicada y es muy peligrosa. Los fármacos antiimpotencia disminuyen la tensión multiplicando el efecto del popper, que tiene propiedades parecidas. La posibilidad de un síncope (pérdida de consciencia) o repercusiones cardiovasculares es importante en este caso.

Durante los últimos 10 años se han ido acumulando datos que indican que el hecho de compartir material para la administración de drogas por vía intranasal (rulos, turulos) puede asociarse a un mayor riesgo de contraer determinadas infecciones. La mayoría de las investigaciones se han centrado en la transmisión del Virus de la Hepatitis C (VHC).

  • En el año 2004 se comunicó por primera vez la presencia de virus de la hepatitis C (VHC) en fluidos nasales de una persona consumidora de drogas por vía intranasal.
  • Posteriormente (2006) en un estudio en 450 personas infectadas por VHC sin factores de riesgo parenteral o sexual conocido, se detectó que el uso de cocaína intranasal era 4,5 veces más frecuente en este grupo que en un grupo de controles de características similares, pero no infectados por el VHC.
  • En 2008 se confirmó la presencia de virus en fluidos nasales, así como el hecho de que el VHC puede contaminar los instrumentos empleados para la administración intranasal de cocaína (billetes, pajitas, tarjetas, etc.)

No existe ningún dato que señale que el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) pueda transmitirse por este mecanismo. Se trata de un virus menos contagioso y poco resistente que el VHC y la probabilidad de transmisión es extremadamente baja. Por el contrario, sí resulta plausible que otros virus (como el del resfriado o la gripe) puedan pasar de una persona a otra a través de este mecanismo.

Aunque no toda la ciencia está de acuerdo con estas hipótesis, el sentido común y la higiene indican que no se deben compartir turulos (de la misma forma que no se deben compartir cepillos de dientes o cualquier otro objeto de uso personal o en contacto con fluidos biológicos).

Los estrógenos son hormonas femeninas que están presentes en la composición de muchos anticonceptivos, aunque también se utilizan en el tratamiento de algunas enfermedades. Tienen efectos feminizantes, por lo que se emplean en las terapias hormonales de mujeres transexuales (personas que han nacido con genitales masculinos pero se sienten mujeres). El uso de hormonas para modificar los caracteres sexuales debería estar supervisado por personal especializado para minimizar la aparición de efectos secundarios o tóxicos, eligiendo aquellos preparados más adecuados en cada situación.

  • Los estrógenos tienen un efecto protrombótico (facilitan la aparición de coágulos) que facilitan la aparición de trombos en las piernas (trombosis venosa profunda) y el pulmón (tromboembolismo pulmonar). El uso simultáneo de tabaco multiplica este riesgo
  • Así, en transexuales que utilizan hormonas estrogénicas el uso de tabaco está particularmente contraindicado. En el caso de fumar tabaco hay que considerar que los preparados por vía oral (como el Etinilestradiol, presente en muchos anticonceptivos) suelen dar más problemas en este sentido que los transdérmicos o inyectados.
  • Los estrógenos pueden producir alteraciones en las enzimas hepáticas, detectables mediante un análisis de sangre. En general suelen ser leves y no implican enfermedad del hígado. Pero en el caso de que existan alteraciones analíticas convendrá ser prudentes con drogas como el alcohol, que pueden incrementar este daño.
  • Los estrógenos también pueden producir alteraciones en el estado de ánimo (sobre todo de tipo depresivo), que pueden potenciar un bajón de cocaína o MDMA
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