Encuentros sobre chemsex

Desde la gestión de placeres y riesgos

El día 29 de octubre iniciamos, con nuestras compañeras de SEXus, esta II edición de “Encuentros sobre chemsex”, 10 sesiones destinadas a la creación de un grupo de aprendizaje mutuo, formado por personas que practican chemsex, o tengan la intención de hacerlo, y quieran adquirir conocimientos sobre cómo maximizar los placeres, reduciendo los riesgos asociados al uso sexualizado de sustancias. A lo largo de las sesiones se pondrá el foco en la experiencia individual, a través de la participación activa en compartir la experiencia vivencial en estos contextos. No existe ninguna pretensión sobre convertir estos encuentros en un “curso” o “formación”, no al menos desde un sentido magistral (profesorado-alumnado). Siendo conscientes de las dificultades (juicios y discriminaciones) que impiden el acceso a espacios seguros y con información objetiva, donde poder expresar dudas e inquietudes, se apuesta nuevamente por un modelo horizontal, a partir del debate conjunto. 

Los contenidos de las sesiones abordarán aspectos clave, incluyendo temas como el deseo masculino y la vivencia de las sexualidades, como su combinación con las drogas y el estigma que crea la sociedad. Se dará especial énfasis a trabajar los contenidos según las experiencias, vivencias y anécdotas de las personas que asistan. De esta forma se pretende que, a partir de la participación y el debate en grupo, los contenidos se doten de mayor significado y se amolden al contexto de cada persona. Además, al ser un grupo reducido de 9 personas, facilitará poder expresar aquellas dudas sobre un tema que en pocas ocasiones puede exponerse fuera del propio contexto.

El calendario de las sesiones será el siguiente:

Los encuentros son gratuitos, se dispone también de becas económicas y se realizan en Can Batlló. 

Para inscribirse es necesario rellenar el siguiente formulario.

Si quieres más información o solventar alguna duda, puedes escribir a [email protected] 

¿Por qué hablar de gestión del placer?

Año tras año se evidencia la necesidad de un cambio de paradigma en los ámbitos de las drogas y la sexualidad. Ha costado varias décadas darnos cuenta de que el uso del miedo, la censura y la prohibición no son herramientas óptimas para educar en salud, ni nos facilitan herramientas para poder cuidarnos. Es más, podemos afirmar que son contraproducentes, a los hechos me remito: en cuanto al ámbito de las drogas, la política actual tiene dos objetivos -la reducción de la oferta y la demanda- que, pese a vanagloriarse sobre el aumento de drogas incautadas en noticias y prensa, no tienen en cuenta que el número de personas y variedad de drogas también se ven incrementadas, cualquiera puede preguntarse ¿y qué? Pues que pese a las incautaciones, la persecución, las penas judiciales y asesinatos, como los riesgos en la salud por la desinformación o adulteraciones, este tipo de políticas, por mucha droga incautada, acaba generando mayor consumo (lo prohibido se vuelve tentador dice un dicho…). Así se confirma en varios informes del EMCDDA (2017, 2018, 2019). En el campo de la sexualidad nos encontramos el mismo trasfondo: en las regiones donde apuestan por la abstinencia sexual de la población más joven o en una educación centrada en el “meter miedo”, es donde encontramos las mayores tasas de embarazos no deseados e ITS. 

Por otro lado, la sociedad estigmatiza y castiga socialmente aquellas personas que salgan de una norma establecida, claros ejemplos son las propias personas que consumen o aquellas mujeres que quieran disfrutar de una sexualidad libre. Sí, mujeres, ¿o no os acordáis en el instituto?. Aunque hemos avanzado, actualmente se sigue vanagloriando a un hombre por la cantidad de mujeres con las que tiene sexo, “¿Juanito cómo lo haces?” En cambio, si una mujer (adolescente, en este ejemplo) hace lo mismo que sus iguales masculinos, ¿qué le “decimos”? ¿No hace falta la lista de calificativos verdad? Los hombres vivimos una posición de privilegio, pero no todos por igual. Los hombres no cisheterosexuales también reciben este tipo de violencia, desde humillaciones a asesinatos. Hasta tal punto que el propio lenguaje que utilizamos llega a normalizar esta discriminación, “lloras como una niña”, “no seas maricón” (¿sabéis que maricón, quiere decir mujer?). 

¿Qué sucede cuando juntamos drogas, sexo y personas no heterosexuales? Pues que tenemos titulares de este tipo: 

Alarma por los riesgos del «chemsex»: VIH, amputación de genitales y muertes” o “Chemsex: Sexo y drogas sin control”

Aunque existan referencias históricas, desde hace milenios, sobre orgías y bacanales con drogas (o sin ir tan lejos, las “fiestas blancas” de las que tanto se hablaba hace unos años), este tipo de noticias transmiten un alarmismo sobre unas prácticas que no destacan por su novedad. Sí que el chemsex, en el territorio europeo, tiene algunas particularidades a tener en cuenta, pero que con escasez se tratan en los medios de comunicación. Éstos son más que conscientes sobre la influencia en la opinión pública, siendo esto un hecho, no está de más reflexionar sobre el trasfondo de estos artículos. Sobre todo porque el “boom” del chemsex en España lo encontramos en el 2015, pero solo en los diarios, no es hasta el 2016 que se empezó a detectar un aumento relevante de casos. 
¿Homofobia? Quizás, ¿vender la noticia? Quién sabe, no nos corresponde hacer ese tipo de acusaciones, si no informar sobre hechos, como que la mayoría de personas que consumen drogas no tienen un consumo problemático, y que aquellas que sí lo tienen (aproximadamente un 10-15% de la población general), el problema principal no es la droga, sino un síntoma de un malestar emocional de trasfondo. Lo más curioso sobre esto es, que pese al alarmismo del chemsex como “moda peligrosa y adictiva entre hombres”, los últimos estudios estatales indican porcentajes similares a la población general (15-20%). Casualmente, coinciden con la proporción de personas que participan en sesiones de chemsex y que refieren haber sido amenazados o haber recibido violencia física durante la adolescencia. ¿El motivo? ¿Ser “maricón”? ¿O que nuestro “bujarrismo” visibiliza lo frágil que puede  ser cierto tipo de masculinidad? Tan delicada es que solo es necesario hacerla andar sobre unos tacones para hacerla tambalear.

Fuente: Homosalud (Stop Sida, 2021)

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