La reducción de riesgos en tiempos convulsos

Jose López Guerrero

No deja de asombrar que, en estos días, se hable de reducción de riesgos con tanta naturalidad. En los principales medios de comunicación, ya sea en prensa escrita o en telediarios, aparecen noticias donde se nos dan una serie de pautas de protección de cara a las celebraciones navideñas. Ventilación, disposición de las sillas alrededor de la mesa, o mascarillas son algunos de los ejemplos. Se recalca que el riesgo 0 no existe y se acepta de forma pragmática que, ya que se van a producir reuniones, lo más sensato es minimizar los riesgos de contagio.

Pero cuando se trata de otros colectivos o celebraciones, parece que las mismas medidas no son aceptables. En verano, han sido varias las campañas institucionales dirigidas a jóvenes con un enfoque culpabilizador: “si haces botellón, tu abuela acabará en el hospital”, venían a decir dichas campañas. Las reuniones de ciertos grupos de edad, independientemente del riesgo que conllevaran, eran y son moralmente reprobables sin atender a otros condicionantes ni justificaciones. Pareciera, en definitiva, que la responsabilidad de las diferentes olas que estamos padeciendo recae en cuatro colegas que se han juntado en el parque a fumarse unos porros.

Contamos con antecedentes que nos muestran qué ocurre cuando se culpabiliza y estigmatiza a todo un colectivo por un fenómeno que, cuanto menos, es multicausal. La marginalización, los daños en la salud, la deriva hacia lo clandestino y la pérdida de confianza en las instituciones sanitarias fueron consecuencias del señalamiento de ciertos colectivos durante la pandemia provocada por el VIH en los 80 y 90 del siglo pasado. Y solo mediante el asociacionismo de los grupos afectados fue que se logró mejorar el bienestar y la aceptación de estas personas, aplicando estrategias y herramientas de reducción de daños y riesgos como preservativos gratuitos o intercambio de jeringuillas. Y es que cuando se pone el foco sobre una comunidad, sin más argumentos que su supuesta desviación social, las cosas no suelen acabar bien. 

Entonces, ¿por qué no ofrecer estrategias que ayuden a paliar la incidencia de la pandemia que nos asola, sin necesidad de recurrir al manido y poco útil “enciérrate en casa por tiempo indefinido”? En un año en el que a las personas jóvenes (y no tan jóvenes) se les han negado tantos ritos de iniciación y celebración: compartir, reír, soñar, bailar; que no son sino manifestaciones de la necesidad humana de conectar con nuestros semejantes. Un año en el que la mayor parte de la ciudadanía se ha privado, de forma ejemplar, de todas esas cosas que nos hacen felices. Por todo ello, como en Energy Control tenemos vocación de servicio público, allá van una serie de recomendaciones a seguir en caso de querer festejar en estos tiempos convulsos. Porque el riesgo cero no existe, como tampoco existe una vida que merezca la pena ser vivida con placer cero:

  • Los cuidados han empezado a formar parte de nuestro lenguaje habitual. Cuidarnos individualmente, pero también cuidar a las personas que nos rodean se ha convertido en un imperativo ético y es por ello que el primer punto va dedicado al apoyo mutuo. Sin olvidar, por supuesto, la empatía con nuestros semejantes. Por ejemplo, hay personas que prefieren evitar cualquier tipo de contacto social. Sus motivos tendrán y hay que respetarlos.
  • Prioriza las quedadas en espacios abiertos. La evidencia acumulada a lo largo de estos meses parece ir en la dirección de que en los espacios cerrados hay más probabilidad de contagio que en los espacios abiertos. En caso de reuniones en espacios cerrados, disminuye en lo posible el tiempo y el número de personas con las que se tiene contacto, ventila la habitación/sala aunque haga frío y utiliza la mascarilla en todo momento.
  • Si decides organizar una fiesta en casa, procura no molestar al vecindario con el volumen de la música. Además, esto hará que evitemos hablar a gritos y reduzcamos de paso la propagación del virus.
  • No compartas vasos, cigarros, botellas, porros, turulos o la boquilla de una cachimba.
  • Analiza previamente lo que vayas a consumir. En este enlace tienes información sobre cómo preceder. Asimismo, dedica tiempo a organizar la fiesta y los consumos: procura no tener responsabilidades al día siguiente e infórmate de las sustancias que pretendas consumir.
  • La velocidad y la cantidad son dos factores determinantes a la hora de predecir qué experiencia tendremos cuando se decide consumir una sustancia, sea la que sea. Planifica cuidadosamente las dosis y presta atención a los factores que te hacen aumentar la velocidad de consumo. Por ejemplo, pueden ser los chupitos o mezclar alcohol y cocaína.
  • Si llevas tiempo sin consumir, la tolerancia a una determinada sustancia habrá cambiado. Necesitarás menos cantidad para notar los efectos.
  • Si tienes síntomas compatibles con la COVID, aíslate y avisa a los contactos que tuvieras en los días previos. Si decides visitar a la familia, especialmente si son personas de riesgo, limita al máximo tus contactos sociales en los 10-14 días anteriores al viaje.
  • Al fin y al cabo, somos seres humanos. El confinamiento, la soledad, la adaptación a nuevas realidades, la carga de los cuidados (que principalmente recae en mujeres), las situaciones de precariedad laboral previas o provocadas por la pandemia pueden afectar a nuestra salud mental de forma más o menos grave. Si sientes que tienes más ansiedad o tristeza que habitualmente, busca el apoyo, el alivio y la comprensión de familiares y amistades. Si sientes que el problema es más acuciante de lo que debería, pregunta por ayuda profesional. 
  • Consumir en soledad no ha sido tradicionalmente lo más recomendable. Pero, dadas las circunstancias, probablemente habrá gente que decida hacerlo buscando aliviar la angustia generada por una realidad llena de incertidumbres. O, simplemente, echar un rato divertido. He aquí una serie de pautas de protección dirigidas específicamente a estas personas:
    1. Debes prestar especial atención a las dosis, sobre todo al hablar de sustancias depresoras: no tendrás a nadie que te asista si la situación se complica.
    2. Si hablamos de sustancias psicodélicas, el contexto en el que se consume y el estado de ánimo son factores fundamentales a la hora de tener una experiencia agradable o desagradable. Parece que no son los mejores tiempos para este tipo de drogas, pero si aún así decides consumirlas en soledad, avisa a alguien de confianza para que te contacte de cuando en cuando y compruebe que todo marcha correctamente.
    3. Pueden ser un sustituto algo artificial, pero las videollamadas y fiestas online ayudan a encontrar la conexión que tanto anhelamos. Otras personas quizá prefieran utilizar la energía extra que dan las sustancias estimulantes en terminar esa chapuza casera que se resistía o en la limpieza que ya se demoraba demasiado. Sea lo que sea, planifica con antelación qué vas a hacer mientras estás bajo los efectos.
  • Por último, hay que recordar que estamos vislumbrando la luz al final del túnel. Parece que las vacunas van a traer cierta normalidad antes de lo esperado. Dejemos espacio a la alegría y a la esperanza y tengamos paciencia para el momento de los abrazos.

El equipo de Energy Control os desea felices (y seguras) fiestas.

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