Las sustancias psicoactivas han tenido muchos usos a lo largo de la historia, aunque los que se han querido dar por parte del poder suelen tener que ver con el control social o el intento de anular a movimientos sociales o comunidades con potencial subversivo. Este sería el caso del programa secreto MK Ultra liderado por la CIA (Central Intelligence Agency) que durante casi dos décadas experimentó con personas de norteamérica -en muchos casos sin su conocimiento ni consentimiento- con el uso de LSD y otras sustancias que combinaban con técnicas como la hipnosis, la tortura o los electroshocks con el objetivo de poder manipular y reprogramar la mente humana, realizar un lavado de cerebro o conseguir una “droga de la verdad” que hiciera confesar a espías.
El programa MK Ultra nació el 13 de abril de 1953 de la mano de Allen Dulles, director de la CIA en los años cincuenta, en un contexto de Guerra Fría y macartismo. En este proyecto trabajaron de forma coordinada la División de Inteligencia Científica de la CIA con el Cuerpo Químico de la Dirección de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos. Su primer jefe fue Sidney Gottlieb y, si bien los años de mayor actividad se sitúan entre 1953 y 1964, el programa siguió existiendo hasta 1973 cuando fue definitivamente cerrado. Ese mismo año, el entonces director de la CIA, Richard Helmes, ordenó destruir toda la documentación vinculada y, aunque no la eliminó toda, se perdieron muchos detalles que ya nunca se podrán saber. Se estima que en MK Ultra se invirtieron decenas de millones de dólares y se experimentó con miles de personas (mayoritariamente de los Estados Unidos).
Con todo, no es Estados Unidos el único país que cuenta en su haber con este tipo de experimentos: el régimen soviético realizó experimentos similares y, de hecho, en los cincuenta también se produjeron proyectos similares en Corea del Norte o China. Con anterioridad a MK Ultra, también existieron programas de estudio de la modificación de la conducta con sustancias, pero de menor alcance: como Project Bluebird y Project Artichoke.
Salto a la opinión pública
Las primeras investigaciones oficiales comenzaron en 1975, en el marco de la Comisión presidencial acerca de las actividades de la CIA dentro de Estados Unidos, en respuesta a un reportaje de diciembre de 1974 de New York Times en el que se denunciaban actividades de la CIA con personas norteamericanas. Con todo, no fue hasta 1977 cuando se desclasificaron más de 20.000 documentos de la CIA sobre este programa y cuando la existencia del mismo fue reconocida por el director de la CIA, almirante Stansfield Turner, en dos intervenciones ante el Comité Selecto de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos del 15 de julio y del 3 de agosto de 1977.
La citada intervención de Stansfield ya había explicado ocho años antes lo que implicaba el programa MK Ultra que agrupaba a 149 subproyectos con objetivos y herramientas diversos aunque confluyentes por el cual se experimentó con miles de personas norteamericanas en muchas ocasiones de forma involuntaria o inconsciente. En su intervención ante el Senado, Stansfield maneja la posibilidad de desvío inapropiado de fondos de la CIA a organizaciones privadas. Con posterioridad la citada comisión del Senado de Estados Unidos elaboró un completo informe al respecto.
Y, finalmente, en 1985 llegaría una sentencia de la Corte del Supremo que dictaminó que la CIA había financiado indirectamente más de 150 proyectos destinados al estudio y experimentación con drogas o materiales químicos, biológicos o radiológicos del control del comportamiento humano con personas norteamericanas sin su conocimiento ni consentimiento. En 2001 se desclasificó información aún secreta referida a MK Ultra, aunque con información de menor calado. Incluso más recientemente, en 2009, llegó una demanda de veteranos de Vietnam que denunciaron al Gobierno de los Estados Unidos por las actividades de MK Ultra.

Actividades y objetivos
Los cerca de 150 proyectos de programa MK Ultra se subdividieron en diferentes tipologías: muchos de ellos se centraban en el estudio de los efectos sobre la conducta de todo tipo de sustancias como el alcohol, la LSD, las anfetaminas, la heroína, los barbitúricos, la marihuana, el temazepam o la morfina. Estas, además, se podían combinar con técnicas de manipulación mental como la hipnosis, diferentes productos químicos -como gas nervioso o psicoquímicos-, la inserción de implantes en el cerebro, los electroshocks o técnicas de tortura o abusos psicológicos o sexuales, así como el aislamiento. En muchas ocasiones esto provocó discapacidades permanentes o la muerte entre las personas con las que se experimentó.
Si bien más de 30 de los subproyectos no estaban vinculados a experimentos con sustancias, más de 50 sí y al menos 25 de ellos contaron con participantes que no habían recibido información. Otros de los proyectos del programa MK Ultra se centraban en el estudio del comportamiento humano y sus motivaciones más allá del uso de sustancias: la posibilidad de programar la mente a partir del uso de mensajes subliminales durante el sueño, o el uso de técnicas de modificación de la conducta a partir de psicoterapia. Como ejemplo, se podía inducir al coma a una persona para intentar influir en el sujeto a partir de la emisión mensajes subliminales repetitivos.
El objetivo genérico del programa era el control mental y de conductas: alterar la mente de las personas hasta tal punto de hacer que se olvidasen de determinados recuerdos o conseguir que realizasen acciones que no harían en su contexto habitual. Se buscaban técnicas para hacer más fácilmente manipulables a las personas a partir del lavado de cerebro (borrado de memoria) o conseguir herramientas para interrogatorios que permitiesen anular la voluntad y la resistencia de las personas y dar lugar a una mayor docilidad y a confesiones. También se investigó con el objetivo de crear “agentes dormidos” que desconocen su función y que se activan a través de procesos mentales para realizar la acción encomendada y después olvidar lo que hubieran hecho. En definitiva, 149 proyectos destinados a buscar los puntos vulnerables del cerebro humano en medio del contexto de Guerra Fría de los años cincuenta para poder controlar a opositores internos y contener al enemigo soviético.
Participaban de los experimentos desde personas que vivían en la calle, hasta personas con trastornos mentales que estaban encerradas en instituciones psiquiátricas o con diversos tipos de adicciones. También se podían reclutar personas voluntarias en lugares como el ejército, las universidades, los hospicios, las cárceles, los hospitales, etc. y, en ocasiones, con una compensación económica, aunque no siempre, aceptaban ser personas voluntarias de un experimento cuyo propósito real se les ocultaba.
Uno de los casos más conocidos es el de Frank Olson, químico y espía perteneciente al ejército norteamericano, al que se le suministraron elevadas dosis de LSD sin ser informado, lo que le provocó estados de paranoia severa y crisis nerviosas. En un primer momento, el Gobierno norteamericano sostuvo que había muerto al lanzarse desde la onceava planta del hotel en donde estaba, investigaciones posteriores descubrieron golpes previos a esa caída y finalmente se reconoció que había sido un homicidio, con lo que la familia recibió una indemnización tras un acuerdo extrajudicial. También está documentado el caso en el que un médico de una prisión en Kentucky suministró a siete prisioneros afroamericanos elevadas dosis de LSD durante dos meses y medio para experimentar sus efectos, aunque éstos finalmente acabarían muriendo. De hecho, algunos de los proyectos fueron abandonados por el alto número de muertes provocadas por los mismos y por la generación de graves trastornos mentales o discapacidades.
MK Ultra también llegó a Canadá, a través del doctor Donald Ewen Cameron, que llegó a ser presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y sus estudios para desfragmentación de la mente. La información se hizo pública en 1984 aunque los hechos ocurrieron entre 1957-1964.
En su intervención de 1977, Stansfield también desveló que en MK Ultra participaron 185 investigadores y hasta 80 instituciones: entre universidades, fundaciones de investigación, empresas farmacéuticas, hospitales o clínicas -asociadas a universidades- y cárceles. Con todo, el director de la CIA no quiso hacer públicos los nombres de los implicados ya que estimaba que podía haber buena fe, al promover el programa una institución gubernamental. El director de la CIA finalizó su intervención asegurando que en aquel momento que no estaba en ningún proyecto similar en activo, que los hechos relatados eran de hace 12 o 25 años.
Cambios en experimentación y psiquiatría
A raíz del escándalo provocado por el programa MK Ultra, el Gobierno de Estados Unidos prohibió la experimentación con drogas en seres humanos y estableció el consentimiento informado por escrito y con alguien de testigo para que fuera posible, un permiso que se acabó ampliado a cualquier tipo de experimentación.

Las actividades del programa secreto MK-Ultra aplicaron y experimentaron teorías que la psicología y la psiquiatría habían propuesto en aquella época sobre la modificación de la conducta con aspectos vinculados a la fisiología cerebral, el condicionamiento pauloviano, el psicoanálisis de Freud y Jung, entre otros. Imbuidos por el contexto político -eclosión de regímenes autoritarios- y social se desarrollaron toda una serie de ingenierías (social, del consentimiento, de la conducta, etc.) “en los cuales detectamos básicamente la deshumanización del sujeto, siendo éste tratado como un ente material o instrumental (de ahí el concepto ingeniería) más que un ente psicológico. Quizás desde esa perspectiva se pueda comprender cómo el programa MK-Ultra fue llevado a cabo durante tantos años”, según se desprende de las conclusiones del informe “La inteligencia militar norteamericana y el uso ambivalente de la psicología desde una perspectiva histórica: el programa Handicrafts (1941) y el proyecto Mkultra (1953)” **.
Durante los años sesenta y setenta, Michael Foucault y el movimiento antipsiquiatría realizarían una revisión crítica de la psiquiatría y la psicología como herramientas de control social y control del desvío de las normas sociales y que habían provocado excesos y abusos durante las décadas anteriores.
Con todo, la experimentación para el control de la conducta humana -con o sin sustancias psicoactivas- sigue en activo, y en los últimos meses han surgido diferentes noticias que apuntan a que este ámbito se está trabajando en China.
** “La inteligencia militar norteamericana y el uso ambivalente de la psicología desde una perspectiva histórica: el programa Handicrafts (1941) y el proyecto Mkultra (1953)” elaborado por Manuel Sánchez de Miguel, Luis María Iturbide e Izarne Lizaso de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea y publicado en 2012.
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