Energy Control plantea dudas sobre la administración de sustancias psicoactivas a través del método del pinchazo con el fin de cometer delitos sexuales

Energy Control

Barcelona, 2 de agosto de 2022.- En las últimas semanas, ha aumentado el número de denuncias y publicaciones en redes sociales y medios de comunicación sobre pinchazos sufridos por mujeres en espacios de ocio. Estos incidentes han sido catalogados como “sumisión química”, tanto por parte de las personas que lo han sufrido como por los medios de comunicación.

Desde hace meses, se han producido informes de pinchazos con agujas en Europa que han involucrado, sobre todo, a mujeres jóvenes que sintieron una sensación de pellizco (como un pinchazo de aguja) en alguna zona del cuerpo mientras estaban en clubes nocturnos llenos de gente. Un fenómeno conocido internacionalmente como needle spiking.

Ante la alarma que está despertando, tanto en los medios de comunicación como a través de redes sociales, desde Energy Control queremos poner de relieve que no existen evidencias que lleven a pensar que se trata de casos de sumisión química y apuntamos:

  • La sumisión química o agresión sexual facilitada por drogas puede producirse de dos maneras: oportunista, aprovechando la situación de vulnerabilidad producida por el consumo voluntario de sustancias psicoactivas por parte de la víctima; o premeditada, cuando la persona que agrede administra a la potencial víctima una sustancia psicoactiva con el objetivo de inducir dicho estado de vulnerabilidad. Se trata de un delito que preocupa cada vez más por el aumento en el número de denuncias recibidas por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Sin embargo, en las denuncias por pinchazos presentadas no se había producido agresión sexual.
  • El fenómeno del needle spiking ha sido considerado, desde sus inicios, como una forma de agresión sexual facilitada por drogas. Sin embargo, hasta la fecha, tampoco existen evidencias claras de las sustancias utilizadas bajo esta modalidad y sí algunas dudas sobre que la administración de sustancias psicoactivas sea posible a través de este método. En concreto:
    • Inyectar una sustancia requiere conocimiento médico y técnico. Resulta difícil, para una persona no capacitada, realizar este tipo de inyección con precisión, especialmente en un entorno con poca luz y movimiento, como un club nocturno o un bar.
    • Las sustancias inyectables son más difíciles de obtener y más difíciles de administrar. De hecho, no se ha encontrado ninguna evidencia que respalde el uso de sustancias inyectadas con la finalidad de abusar sexualmente.
    • La inyección intramuscular o subcutánea tiene un inicio de acción más lento que la intravenosa y los efectos son menos predecibles. Además, las punciones suelen ser dolorosas, por lo que no resultan un método eficaz, sea cual sea la intencionalidad, si el objetivo es que la persona no se dé cuenta. Una aguja de menor tamaño puede reducir la sensación dolorosa asociada al pinchazo, pero también requerirá de más tiempo para inyectar una sustancia que con una aguja de mayor calibre.
    • Hasta el momento no se han producido detenciones ni la incautación de los objetos utilizados para estos pinchazos. Por tanto, no se puede asegurar con rotundidad que estos hayan sido realizados mediante agujas. 
    • Cuando se trata de agresiones facilitadas por sustancias, las que suelen estar presentes son el alcohol y sustancias comunes como las benzodiacepinas. Sustancias como la escopolamina (también llamada “burundanga”) son extremadamente infrecuentes a la luz de los últimos datos toxicológicos publicados.

Por lo tanto, existen dudas fundadas sobre la utilización del método del pinchazo para cometer delitos sexuales y se abre la puerta a considerar otras hipótesis. 

La rápida extensión del fenómeno en Europa, hasta llegar a España, puede explicarse por un efecto de “imitación”, a consecuencia de la amplia cobertura que reciben estos hechos, tanto en medios de comunicación como en redes sociales.

Además, aunque, a fecha de hoy, las evidencias nos llevan a descartar la posibilidad de que se trate de casos de sumisión química premeditada en su variante de inyección, se recomienda que, en caso de sospecha, se acuda lo más rápidamente posible a un centro sanitario para la realización de análisis toxicológicos y la denuncia ante los CFSE. Cuando estos casos se produzcan en el interior de los locales de ocio, el personal de los mismos debe facilitar en lo posible este procedimiento de actuación, además de la atención inmediata a la persona y la posible identificación de la/s persona/as agresora/s.

Debido a la poca información concluyente sobre estos sucesos, desde Energy Control creemos importante hacer un llamamiento a los medios de comunicación para que no sigan contribuyendo a generar alarma sobre estos sucesos y a que estos no se presenten como casos de sumisión química, a falta de resultados toxicológicos o de investigaciones policiales concluyentes. El hecho de que no se detecten sustancias no necesariamente implica que se trate de sustancias que se eliminan rápidamente del organismo, sino que, simplemente, puede que no se estén inyectando sustancias.

También en relación con el tratamiento informativo realizado por algunos medios de comunicación, consideramos que el enfoque sensacionalista de este tema contribuye a alimentar los sentimientos de miedo y ansiedad de las personas, especialmente mujeres, que frecuentan espacios de ocio nocturno, así como a impulsar la adopción de medidas no eficaces.

Finalmente, queremos recordar que la mayoría de las agresiones sexuales son producidas por hombres, conocidos por parte de las mujeres víctimas, que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad producida por el consumo voluntario de sustancias psicoactivas. Poner el foco en las inyecciones como método de sumisión química, y para el que no existen evidencias de que sea así, desplaza la atención de las situaciones más probables y de mayor riesgo para las mujeres. El foco, insistimos, debe estar en la existencia de agresores sexuales dispuestos a aprovecharse del estado de vulnerabilidad de otras personas y en la necesidad de todas las partes implicadas de trabajar conjuntamente para garantizar espacios de ocio seguros.

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