Energy Control invita al periodismo veraz

Javier Martín Nieto

Las drogas siempre han sido un elemento utilizado en las batallas ideológicas. El abordaje sobre el consumo de sustancias psicoactivas, legales o ilegales, casi nunca se ha hecho desde el diagnóstico de los datos, de la realidad, sino desde el posicionamiento político, moral e ideológico.

Los medios de comunicación no son ajenos a esta situación. En ellos no se informa sobre hechos o datos, sino que se aportan argumentos elaborados desde una perspectiva ideológica y moral, y que usan los datos, en realidad solo algunos de ellos, para apuntalar su posicionamiento.

No desvelamos ningún misterio si decimos que los medios de comunicación, lejos de su función de informar sobre hechos, se han convertido en empresas ideológicas que contribuyen a construir la realidad. Una realidad amoldada a sus intereses, o más bien a la de las empresas propietarias de esos medios.

Esta situación implica, desde hace décadas, una mala información sobre drogas en los medios, una información incompleta, parcial, interesada, e incluso falsa. Numerosos estudios académicos avalan esta realidad, y cualquier conversación con especialistas en sustancias psicoactivas tarda poco en abordar la inadecuada y falsa realidad que los medios de comunicación reflejan sobre los consumos de drogas.

Ante situaciones como esta caben dos respuestas, la primera es la de encogerse de hombros, pensar que los medios son demasiado poderosos como para poder hacer algo, y limitarnos a quejarnos en conversaciones privadas mientras exponemos ejemplos de estas malas praxis de los medios. La segunda es distinta, y nace desde el activismo, desde ese empeño permanente por cambiar, a mejor, la realidad en la que vivimos. Es la respuesta de Energy Control. Y es el germen en el que surge la guía Di sí a la buena información: periodismo y drogas.

Guía de periodismo y drogas

Esta guía, tan interesante como necesaria, nace de la confluencia de dos fenómenos: el activismo de Energy Control, y el modelo de la comunicación para el cambio social. La sinergia de este encuentro ha permitido elaborar una guía dirigida a periodistas, pero útil para muchas personas profesionales que intervienen en el ámbito de los consumos de drogas.

No es la primera vez que aparece un documento sobre este asunto. Existen algunos textos de carácter deontológico y de autorregulación elaborados por los propios medios de comunicación que suelen ser muy gremialistas. También existen textos de origen académico que abordan el tema desde una perspectiva teórica y un tanto abstracta. No faltan intentos de organizaciones sociales que, aunque interesantes, han tenido poco recorrido y escasa repercusión, entre otras razones porque no estaba claro a quién se dirigían.

La guía Di sí a la buena información: periodismo y drogas, no es un intento más, y viene a resolver algunas carencias de los antecedentes. En primer lugar, está claro a quién se dirige, es una guía para periodistas, para quienes informan. En segundo lugar, el texto crítico con la labor informativa, no se centra en acusaciones de malas prácticas, sino que utiliza esta realidad para sugerir y ofrecer otro abordaje desde una perspectiva fundamentada en los datos, en los hechos, en la realidad, y no en el posicionamiento ideológico y moral previo. Además, la guía de Energy Control ofrece herramientas para este abordaje más profesional.

Por último, queremos destacar que el manual se ha elaborado con la colaboración de periodistas, lo que contribuirá a eliminar o, al menos, a reducir, las acusaciones de intento de control sobre el trabajo periodístico, que seguro surgirán en alguna redacción en la que se vean el reflejo.

Opiniones de periodistas

Algunas de las cosas que pone de manifiesto la guía de Energy Control sobre el papel de los medios de comunicación son:

  • Invisibilidad de las personas usuarias de drogas. Para los medios solo existen personas drogodependientes con altas dosis de marginalidad, y desde esa perspectiva analizan a todas las personas en el ámbito de los consumos de drogas.
  • El binomio creado por los medios entre drogas e inseguridad, que termina en la generalización de una información fundamentada en el miedo, lo que siempre es una mala perspectiva para realizar diagnósticos correctos y realistas de la realidad.
  • El excesivo protagonismo de las fuentes oficiales en las informaciones. Lo que sería inadmisible para las secciones de política o economía de los medios de comunicación, se considera normal para las informaciones sobre drogas. Y añadiríamos que esas fuentes oficiales proceden, en su inmensa mayoría, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, algo incompatible para abordar lo que oficialmente es un problema social.
  • Carencia de especialistas independientes como fuentes informativas. En este punto no nos resistimos a recordar que cuando abrió sus puertas la sala de venopunción higiénica de Las Barranquillas, en Madrid, conocida popularmente como Narcosala, algunos medios de comunicación recogieron las opiniones sobre el nuevo dispositivo no de personas trabajadoras sociales, psicólogas, o sociólogas, sino la de toreros, folclóricas o cantantes.

No debemos olvidar que uno de los grandes problemas de los medios de comunicación actuales es que han convertido la información en espectáculo. Lo importante hace años que no es la verdad, es la espectacularidad. Se considera un buen titular aquel que resulta atractivo o anuncia algo increíble o raro, que refleje o no la verdad es secundario.

Por eso es importante, desde el activismo, asumir el papel estratégico de la comunicación como herramienta de cambio social, y eso resulta mucho más fácil si asumimos los beneficios del trabajo en red, es decir, del trabajo comunitario.

Para el avance del trabajo comunitario, del trabajo en red, la comunicación juega un papel fundamental. Recordemos que comunidad y comunicación derivan de una misma raíz, communis, que significa “poner en común con el otro”.

No se trata solo de dar la palabra o de escuchar a las personas y a las comunidades, en este caso usuarias de sustancias psicoactivas, de darles voz, como aún se proclama desde muchas organizaciones sociales. Se trata de asumir que son las protagonistas, no testigos, o fuentes informativas. Ellos, ellas, son parte de la comunidad, de la sociedad, son la ciudadanía.

En la concepción clásica de la comunicación, la que aún defienden los medios de comunicación, unas personas asumen el rol de emisoras de mensajes, los periodistas, mientras que el rol de las fuentes, y otras personas, es el de receptoras de esos mensajes. En el modelo de comunicación comunitaria o dialogada, en una comunidad, todas las personas asumen a la vez ambos roles. Todo el mundo tiene algo que decir y mucho que escuchar.

Esa comunidad en la que impera la comunicación comunitaria implica un modelo educativo en el que el simple hecho de escuchar a la otra persona, a los otros, y otras, implica un aprendizaje, un enriquecimiento, y eso es un elemento fundamental de una sociedad mejor.

La guía que ha elaborado Energy Control es un aporte, un buen aporte, en esta dirección, la de ofrecer herramientas, consejos, denominaciones no estigmatizantes y asesoramiento a periodistas para que equilibren sus informaciones ofreciendo a la ciudadanía los mensajes de otras personas, de otros colectivos, más allá de los tradicionales. Solo queda esperar que quienes informan, al menos una parte de esas personas, aprovechen la oportunidad y enriquezcan sus informaciones ofreciendo un más amplio abanico de las perspectivas sobre el consumo de sustancias psicoactivas, pensando más en quienes leen, escuchan o miran, que en los consejos de administración o en anunciantes de las empresas para las que trabajan.

Javier Martín Nieto. Comunicador social.

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