Entender cómo, por qué y en qué contextos las personas adultas consumen drogas con fines recreativos es clave para reducir riesgos y daños. Es importante mirar más allá de las sustancias.
Con esta mirada, el Observatorio Energy Control de consumos, riesgos y cuidados 2025 (OEC2025) ofrece una aproximación a cómo se están produciendo estas realidades en España. Para ello, combina datos y experiencias que permiten entender cómo se producen los consumos, y qué riesgos y cuidados entran en juego.
Este trabajo se consolida como una herramienta clave para orientar las intervenciones de reducción de riesgos de Energy Control y para mejorar el conocimiento sobre realidades de consumo que a menudo permanecen invisibilizadas.
¿En qué se ha puesto el foco en esta edición?
La edición de 2025 del Observatorio aborda distintos fenómenos relevantes en la actualidad:
- Los patrones generales de consumo de sustancias, incluyendo el policonsumo recreativo y las nuevas incorporaciones al consumo.
- El uso sexualizado de drogas, más allá del contexto específico del chemsex.
- El consumo de bebidas energéticas en espacios de ocio y su combinación con otras sustancias.
- El uso recreativo de benzodiacepinas, con y sin receta.
- Los patrones de consumo de GHB/GBL, poniendo especial atención a los riesgos asociados.
Una metodología basada en datos y experiencias
El estudio se basa en una metodología mixta, que combina una encuesta online anónima, respondida por 759 personas adultas que habían consumido alguna sustancia en los últimos 12 meses, con entrevistas en profundidad y grupos de discusión realizados en distintas ciudades. Esta combinación permite no solo describir prevalencias y tendencias, sino también comprender cómo las personas viven sus consumos, cómo toman decisiones y qué estrategias de cuidado aplican en contextos reales.
¿Qué es lo que muestran los datos?
En términos generales, los resultados revelan que el alcohol, la MDMA, el cannabis y las bebidas energéticas ocupan un lugar central en los patrones de consumo, junto a una presencia destacada del policonsumo recreativo. Casi la mitad de las personas participantes había probado alguna sustancia por primera vez en el último año, especialmente las más jóvenes, destacando la ketamina y la MDMA como principales drogas de inicio reciente. El acceso a las sustancias se produce mayoritariamente a través de redes de confianza y entornos cercanos. Por último, los consumos se concentran en espacios privados y contextos de ocio nocturno, como festivales, discotecas y fiestas en casa.
El uso sexualizado de drogas aparece como una práctica presente más allá de los entornos tradicionalmente asociados al chemsex. Sustancias como los poppers, la MDMA, el alcohol o el tusibí se utilizan para intensificar sensaciones, facilitar la conexión con otras personas o prolongar los encuentros sexuales. Aunque muchas personas planifican en cierta medida estos consumos y son conscientes de los riesgos, el estudio muestra que las estrategias de cuidado no siempre se aplican de forma sistemática, especialmente cuando el consumo se prolonga en el tiempo.
El consumo de bebidas energéticas se presenta como una práctica ampliamente normalizada en los espacios de ocio. Cerca de la mitad de las personas encuestadas las ha consumido en el último año, principalmente combinadas con alcohol y otras sustancias estimulantes. Los efectos buscados se relacionan con mantener la energía y combatir el cansancio. Pero el informe advierte de que estas combinaciones pueden aumentar riesgos como la deshidratación, la sobreestimulación o la dificultad para percibir los propios límites.
En relación con el uso recreativo de benzodiacepinas, el Observatorio identifica su presencia tanto con receta como sin ella, especialmente para relajarse, reducir la ansiedad o facilitar el descanso tras el consumo de estimulantes. La combinación con alcohol u otros depresores es relativamente frecuente y se asocia a riesgos importantes, como lagunas de memoria, descoordinación o mayor probabilidad de sobredosis. Aunque algunas personas aplican pautas de cuidado, estas no están generalizadas.
El consumo de GHB/GBL, aunque minoritario, resulta especialmente relevante por el estrecho margen entre la dosis que produce los efectos buscados y la sobredosis. Las personas que lo usan destacan efectos como la desinhibición y la sociabilidad. Pero también relatan experiencias negativas vinculadas a pérdidas de conciencia, amnesia y malestar físico. Pese a cierto conocimiento de los riesgos, persisten prácticas preocupantes como la combinación con alcohol u otras sustancias depresoras.
Conclusiones
El OEC2025 confirma que los consumos recreativos forman parte de dinámicas sociales, culturales y de ocio. En ellas, el placer, la experimentación y la conexión conviven con riesgos reales. Por eso, este informe apuesta por:
- Subrayar la importancia de reforzar estrategias de reducción de riesgos basadas en la evidencia
- Visibilizar prácticas de cuidado ya existentes
- Incorporar una mirada no estigmatizante y con perspectiva de género
- Seguir generando conocimiento aplicado que parta de la experiencia de las propias personas que usan drogas.
El proyecto “Energy Control: Observatorio de consumos, riesgos y cuidados” ha sido financiado a través de la convocatoria 0,7 de subvenciones para la realización de actividades de interés general consideradas de interés social, correspondiente a la Secretaría de Estado de Derechos Sociales (Convocatoria 2024).











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