En Energy Control acabamos de publicar Sustancias ocultas: clasificación, prevalencia y riesgos de los adulterantes de las drogas consumidas con fines recreativos, un nuevo informe que analiza cómo se presenta la adulteración en los mercados de drogas en España a partir de los datos de nuestros servicios de análisis de sustancias.
El estudio recoge información de 29 865 muestras recibidas entre 2016 y 2025 en los servicios de información, asesoramiento y análisis de sustancias de Energy Control. Todas ellas fueron entregadas de manera voluntaria por personas que usan drogas y querían conocer mejor qué contenían realmente sus sustancias.
El objetivo del informe es sencillo de explicar, aunque complejo de estudiar: entender qué sustancias aparecen como adulterantes, con qué frecuencia se detectan, en qué drogas son más habituales, cómo se combinan entre sí y qué riesgos pueden implicar para la salud.
¿Por qué es importante hablar de adulterantes?
En los mercados no regulados no existen controles de calidad, ni garantías sobre la composición, la dosis o la pureza de una sustancia. Esto significa que una persona puede comprar una sustancia esperando que contenga una sustancia concreta y encontrarse, además, con otros compuestos que no buscaba consumir.
A veces estos compuestos se añaden para aumentar el volumen del producto, imitar determinados efectos, modificar la apariencia o compensar una baja pureza. En otros casos, la sustancia esperada puede estar ausente y haber sido sustituida por otra u otras.
Desde la reducción de riesgos, esto es clave: no conocer la composición real de una sustancia dificulta tomar decisiones informadas y puede aumentar la probabilidad de efectos inesperados, interacciones o complicaciones.
Qué hemos analizado
El informe se basa en muestras analizadas por Energy Control durante diez años, entre 2016 y 2025. En total, se recibieron 29 865 muestras de 213 tipos de sustancias.
La mayoría de las muestras correspondían a MDMA, cocaína y anfetamina, aunque también se analizaron muchas otras sustancias, como LSD, ketamina, 2C-B, metanfetamina, mefedrona, heroína, 3-MMC y otras nuevas sustancias psicoactivas.
Del conjunto total de muestras, el 71,5 % no estaban adulteradas. Entre las que sí presentaban adulteración, el 21,3 % estaban adulteradas por adición, es decir, contenían la sustancia esperada junto con una o más sustancias adicionales. El 5,9 % estaban adulteradas por sustitución, es decir, no contenían la sustancia que la persona esperaba consumir y en su lugar aparecían otros compuestos.
Un dato importante es que la adulteración no se distribuye igual en todas las sustancias. Algunas presentan porcentajes bajos de adulteración, como la MDMA, la LSD o la metanfetamina. En cambio, en otras la adulteración aparece con mucha más frecuencia como ocurre con la cocaína, la anfetamina, la mefedrona o la heroína.
Principales resultados del informe
Una de las principales conclusiones del estudio es que la adulteración no es un fenómeno uniforme. Cada mercado tiene sus propias dinámicas y sus propios patrones. No tiene sentido hablar de «drogas adulteradas» como si todas funcionaran igual: los datos muestran diferencias claras según la sustancia declarada por la persona.
No todas las sustancias se adulteran igual
Entre las diez sustancias más frecuentes analizadas se observa una gran variabilidad en los niveles de adulteración. En un extremos se sitúan MDMA (8 %), LSD (6 %) y metanfetamina (5 %), con porcentajes relativamente bajos. En una posición intermedia aparecen ketamina (15 %) y 2C-B (25 %). A partir de ahí, los niveles aumentan de forma notable en cocaína (42 %) y 3-MMC (49 %), y alcanzan sus valores más altos en anfetamina (60 %), 4-MMC o mefedrona (70 %) y heroína (83 %).
Además, el informe apunta a una idea clave: estamos en un momento en el que la adulteración de algunas de las sustancias que más llegan a los servicios de análisis de Energy Control, como la MDMA o la cocaína, se encuentran en niveles bajos en comparación con otros periodos.
Menos adulteración, pero más complejidad
Pero esto no significa que el escenario sea más sencillo ni que los riesgos hayan desaparecido. Al contrario. Cuando miramos con más detalle qué ocurre en las muestras adulteradas, vemos que la adulteración hoy es más compleja, más diversa y más difícil de interpretar.
Durante años, al hablar de adulteración, era relativamente fácil identificar un conjunto de adulterantes «clásicos», como la cafeína, el levamisol, la fenacetina o algunos anestésicos locales. Después, vimos cómo las nuevas sustancias psicoactivas empezaban a aparecer como adulterantes de sustancias más tradicionales.
En el momento actual, el panorama es todavía más complejo: prácticamente cualquier sustancia psicoactiva puede aparecer como adulterante de otra.
Cuando una sustancia también puede ser adulterante
La adulteración actual incluye adulterantes clásicos, nuevas sustancias psicoactivas y también sustancias tradicionales como MDMA, anfetamina, ketamina, metanfetamina o cocaína, que en determinados contextos pueden aparecer como componentes no declarados en muestras entregadas como otras sustancias.
Esta difuminación de las fronteras entre “sustancia principal” y “adulterante” muestra un mercado muy adaptable, condicionado por la disponibilidad de sustancias y por dinámicas que no siempre son fáciles de prever.
En las 8.147 muestras adulteradas incluidas en el análisis específico, se detectaron 257 sustancias distintas usadas como adulterantes. Sin embargo, no todas aparecen con la misma frecuencia. La cafeína fue, con diferencia, el adulterante más detectado, seguida del levamisol y la fenacetina. También aparecieron con frecuencia anestésicos locales como lidocaína, procaína o tetracaína.

Mezclas y nuevas sustancias psicoactivas
El informe muestra, además, que muchas adulteraciones no consisten en una sola sustancia añadida. Aunque lo más habitual es encontrar uno o dos adulterantes, también existen muestras con tres o más compuestos. En estos casos aparecen combinaciones recurrentes, como cafeína, fenacetina y levamisol, a veces junto con anestésicos locales.
Otro resultado relevante es el papel creciente de las nuevas sustancias psicoactivas, especialmente las catinonas sintéticas. Sustancias como 4-CMC, 3-CMC, 2-MMC o 3-MMC aparecen como parte de las dinámicas recientes de adulteración, sobre todo a partir de 2022. Esto muestra que los mercados cambian, se adaptan y pueden incorporar nuevas moléculas con rapidez.
Por eso, una de las ideas más importantes del informe es esta: puede haber menos adulteración en algunos mercados principales, pero la adulteración que encontramos es más compleja. Y esa complejidad importa mucho desde la reducción de riesgos.
Qué riesgos pueden implicar los adulterantes
La presencia de adulterantes puede modificar los efectos esperados de una sustancia y aumentar la incertidumbre. Algunos adulterantes tienen actividad farmacológica propia y pueden interactuar con la sustancia principal o con otras sustancias consumidas.
Riesgos asociados a adulterantes clásicos
La cafeína, por ejemplo, puede aumentar la estimulación y dificultar que la persona valore correctamente la intensidad del consumo, especialmente cuando aparece mezclada con otros estimulantes.
El levamisol, detectado históricamente como adulterante de la cocaína, se ha asociado con riesgos inmunológicos importantes. La fenacetina, también frecuente en muestras de cocaína, dejó de utilizarse en medicina en muchos países por sus riesgos para la salud.
Los anestésicos locales pueden modificar la percepción subjetiva de la sustancia y contribuir a una falsa sensación de calidad o potencia.
Incertidumbre ante las nuevas sustancias psicoactivas
En el caso de las nuevas sustancias psicoactivas, el problema principal es la incertidumbre: muchas tienen perfiles de riesgo poco conocidos, pueden presentar potencias muy variables y no siempre existe suficiente información sobre sus efectos, interacciones o posibles complicaciones.
Pero el escenario actual añade otra capa de complejidad. El riesgo no está solo en que una sustancia pueda contener “un adulterante” concreto, sino en que las combinaciones posibles son cada vez más amplias.
Una muestra puede contener adulterantes clásicos, nuevas sustancias psicoactivas o incluso otras drogas conocidas que la persona no esperaba consumir. Esto dificulta anticipar efectos, calcular dosis, prever interacciones y tomar decisiones informadas.
Un escenario más difícil para reducir riesgos
Desde la perspectiva de las personas que usan drogas, este escenario es especialmente desfavorable. Aunque la adulteración sea menos frecuente en algunos mercados, cuando aparece puede hacerlo de formas más imprevisibles.
Y si en el futuro los mercados principales, como los de la cocaína o la MDMA, cambiaran de nuevo y disminuyeran sus niveles de pureza, podríamos encontrarnos ante un escenario de adulteración mucho más problemático que en etapas anteriores, precisamente por la diversidad de sustancias que hoy pueden entrar en juego.
Por eso insistimos en una idea central: el riesgo no depende solo del nombre de la sustancia que se compra. También depende de su composición real, de la dosis, de las mezclas, de la vía de administración, del contexto y de las características de cada persona.
Qué implica para las personas que usan drogas
La principal implicación es clara: analizar una sustancia antes de consumirla permite reducir incertidumbres. No elimina todos los riesgos, pero aporta información útil para tomar decisiones más cuidadas.
Conocer la composición puede ayudar a evitar consumos no deseados, ajustar expectativas, revisar dosis, decidir no consumir, evitar mezclas especialmente arriesgadas o pedir ayuda antes si aparecen efectos inesperados.
También es importante recordar que una muestra no representa todo el mercado. Los resultados del informe describen lo que llega a nuestros servicios de análisis, no todo lo que circula. Aun así, estos datos son una herramienta muy valiosa para detectar tendencias, identificar riesgos y mejorar la información dirigida a las personas que usan drogas.
Desde Energy Control recomendamos:
- Analizar las sustancias siempre que sea posible.
- No confiar solo en el aspecto, el color, el olor o el sabor.
- Empezar con dosis bajas, especialmente si no se conoce la composición.
- Evitar mezclar sustancias, sobre todo si no se sabe exactamente qué contiene cada una.
- Espaciar las dosis y evitar redosificar de forma automática.
- Buscar atención sanitaria si aparecen síntomas intensos, extraños o preocupantes.
- Compartir información fiable con el grupo y cuidar colectivamente los espacios de consumo.
Para qué sirve este informe
Sustancias ocultas aporta información útil para las personas que usan drogas, pero también para profesionales de la salud, equipos de reducción de riesgos, servicios de urgencias, sistemas de alerta temprana e instituciones públicas.
El informe ayuda a comprender mejor cómo funcionan los mercados no regulados, qué adulterantes aparecen con más frecuencia y por qué es importante contar con servicios de análisis de sustancias, sistemas de monitorización y comunicación de riesgos basada en datos.
En Energy Control seguiremos analizando, investigando y compartiendo información para reducir riesgos, mejorar los cuidados y defender el derecho de las personas a tomar decisiones informadas.
Para preparar este informe, hemos contado con la financiación obtenida a través de la convocatoria de ayudas económicas a entidades privadas sin fines de lucro y de ámbito estatal, para la realización de programas supracomunitarios sobre adicciones de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.










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